Ya es hora de la nuclear

La energía nuclear, como energía verde que es, tiene que ser nuestra aliada.

Recinto de una central nuclear expulsando vapor

Freepik

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Cuando alguien habla de la energía nuclear, muchas personas piensan en explosiones radiactivas, ciudades evacuadas o plantas fuera de control. Y más de uno podría asociar la energía nuclear a una energía altamente contaminante.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la energía nuclear es una energía verde. ¡Así, como lo lees! Así lo reconoció la Comisión Europea en 2022, reconociendo su potencial y declarándola de forma oficial una energía baja en emisiones, además de garantizar un suministro eléctrico estable.

Las centrales nucleares no emiten gases de efecto invernadero alguno durante su funcionamiento, a diferencia del carbón, por ejemplo. Y esto es importante, ya que hay países europeos —especialmente Alemania— que, por razones políticas, están desmantelando centrales nucleares... ¡para sustituirlas por carbón!

Desde que existen, el mayor problema con las centrales nucleares en cuanto a la contaminación han sido los residuos radioactivos que producen y que hay que almacenar en alguna parte. Normalmente, esto se lleva a cabo utilizando grandes contenedores de agua de unos 7 metros de alto como mínimo para poder manejar bien los residuos, que pierden aproximadamente la mitad de su radioactividad con tan solo 7 centímetros de agua.

Para poner esto en perspectiva: según Alfredo García —más conocido como Operador Nuclear—, todos los residuos nucleares que se han producido en España a lo largo de los últimos 40 años cabrían en un cubo de 14 metros cúbicos. Y, si bien esto tampoco suena a mucho, ya están saliendo otras soluciones al potencial problema de espacio, como el almacenamiento de los residuos en contenedores de hormigón reforzado con plomo y su transporte a zonas geológicamente estables a 500 metros de profundidad, como Finlandia. Estos residuos ya habrían perdido bastante radioactividad, ¡y ni siquiera supone un riesgo estar al lado de estos contenedores sin protección!

Bombilla con una hoja verde dentro, representando energías verdes

PIRO4D, Pixabay

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Residuos nucleares frente a una central nuclear

ELG21, Pixabay

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¡Pero Chernóbil y Fukushima...!

Paisaje devastado de la ciudad de Chernobyl Paisaje devastado de la ciudad de Chernobyl

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Chernóbil y Fukushima son accidentes que dan mucho miedo siempre que se mencionan, además de ser uno de los principales "argumentos" en contra de la energía nuclear.

Pero... ¿qué pasó en realidad en las centrales de Chernóbil y en Fukushima Daiichi?

Empecemos por Chernóbil:

1. De por sí, la central nuclear tenía problemas de diseño en el reactor que lo hacían inestable si se operaba a bajas potencias. Además, la central no tenía edificio de contención (¡recinto obligatorio según la legislación actual!).

2. Los operadores, sin ser conscientes de lo anterior, tenían que llevar a cabo un experimento que requería que el reactor estuviese operando a potencias muy bajas.

3. El experimento se retrasó un poco, lo que provocó que se produjera un envenenamiento por xenón-135, disminuyendo el ritmo de fisión en el reactor.

4. Los operadores desconectaron manualmente la mayoría de las barras de control del sistema automático de regulación. Las barras de control, como su nombre indica, son un mecanismo de seguridad. Al hacer esto, aumentaron más todavía la inestabilidad del reactor.

5. El reactor tuvo un pico de potencia repentino, causando una explosión de vapor —que no nuclear— que rompió el núcleo del reactor, lo cual luego desencadenó en la catástrofe de Chernóbil que conocemos.

Vista de Pripyat con cielo nublado

Ben Fairless, Wikimedia Commons

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En el caso de Fukushima, fue una serie de catastróficas desdichas:

1. Tengamos presente que la planta se diseñó en la década de los 60, y la estimación sobre las consecuencias de un tsunami estaban basadas en la mayor altura de olas registrada hasta aquel entonces, inferior a seis metros. Además, aunque las centrales japonesas tenían sistemas de detección de terremotos, no tenían uno de aviso de tsunamis.

2. Un terremoto de 9.1 grados en la escala de Richter sacude la isla de Honshu. Se paran todos los reactores nucleares y, poco menos de una hora más tarde, un tsunami de aproximadamente catorce metros de altura arremete contra la costa nipona, generando daños graves en los reactores de Fukushima Daiichi, que prácticamente vio cómo se inundaban las instalaciones.

3. En estos casos, el protocolo dicta que hay que detener el reactor, refrigerarlo y contener la radioactividad. Pero solo pudieron detener el reactor, sin refrigerarlo ni contener la radioactividad a causa del corte en el suministro eléctrico provocado por el tsunami.
En el reactor Fukushima Daini, los operadores conectaron un cable y lo llevaron desde el único transformador que tenían en operación hasta las bombas de los sistemas de refrigeración, evitando la potencial catástrofe.

4. Al no haber refrigeración, el núcleo de la central Fukushima Daiichi empezó a fundirse y a liberar hidrógeno, causando explosiones y reventando el edificio de contención.

Dato importante: No murió ni un solo trabajador de Fukushima Daiichi debido a la radiación nuclear.

Vista aérea de Fukushima tras el terremoto y tsunami

Wikimedia Commons

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Es decir, que Chernóbil es irrepetible a día de hoy con la tecnología y la legislación actuales. Es más, nunca se ha construido un reactor como el de Chernóbil fuera de la URSS.
Y Fukushima es potencialmente irrepetible, ya que hizo falta un tsunami de catorce metros para que el fallo ocurriese. ¡Y, aun así, los de Fukushima Daini pudieron prevenir un desastre semejante!

Además, en el caso de Japón, hubo una fuerte reducción de apoyo a la energía nuclear y se aumentó la importación de combustibles fósiles, aumentando no solo la contaminación, sino los precios de la electricidad. ¡Hasta un 38% en algunas regiones!

Icono triangular de la energía nuclear tachado

OpenClipart-Vectors, Pixabay

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Persona mirando a muchos documentos en un tablón

Pexels, Pixabay

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La nuclear hoy

Según la International Atomic Energy Agency (IAEA) y la International Energy Agency (IEA), aproximadamente entre el 9% y el 10% de la electricidad global procede de centrales nucleares. Estos porcentajes están especialmente concentrados en potenciales nucleares como Estados Unidos, Francia, China y Rusia.

Varios países asiáticos continúan ampliando su parque nuclear y empezando a utilizar nuevas formas de energía nuclear más allá de las centrales, mientras que muchos países europeos están optando por cerrar centrales, siendo el caso de Alemania el más drástico, pero le siguen España —¿os acordáis del apagón?— y Bélgica.

La energía nuclear es un complemento ideal para las energías renovables, ya que también está libre de emisiones y, además, también aporta la estabilidad de la que carecen muchas de las renovables.

Los reactores modulares pequeños (SMR) también están ganando en popularidad. Tienen cerca de un tercio de la potencia de un reactor convencional, pero su modularidad permite que se ensamblen y transporten como una sola unidad para su instalación. Estos reactores deberían ser una pieza clave en el proceso de transición a una energía limpia.

¿Qué piensa la gente?

Según el PACE Survey 2024 de Radiant Energy Group, la energía nuclear es una de las energías con mayor brecha entre percepción y evidencia científica. Entre la juventud europea, tenemos tres patrones comunes:
1. Menor conocimiento técnico respecto a otras energías.
2. Mayor peso del miedo asociado a accidentes.
3. Predisposición a cambiar de opinión si se presentan datos claros.

Según Radiant Energy Group, todavía hay muchas personas que creen que la energía nuclear tiene unas altas emisiones de carbono. En España, por ejemplo, un 29% así lo cree.

Hoy en día, son un poco más habituales los reportajes centrados en los datos comparativos de emisiones de las centrales nucleares, pero no es la tónica habitual. Lo podemos ver en el debate público, que siempre gira en torno a los combustibles fósiles contra las energías renovables y viceversa, pero la nuclear no se ha tenido en cuenta en ninguna de las dos al 100%, así que quedaba más relegada, por no hablar de los discursos hablando de sus riesgos —muy exagerados— y del problema de los residuos —también exagerado—.

La taxonomía verde

Tres años atrás, la Comisión Europea incluyó la energía nuclear en la taxonomía verde, reconociéndola oficialmente como energía limpia. Y esto, lejos de desencadenar un debate de ecologismo, desencadenó un enfrentamiento político. Los países con una fuerte tradición antinuclear se opusieron frontalmente, pero 12 países expresaron su respaldo público, frente a cinco que expresaron rechazo. Austria incluso se atrevió a llevar la cuestión a tribunales.

Hablemos con números

Vamos a ver con dos gráficos las emisiones de las centrales nucleares durante su vida útil y previas a su creación, según la IEA.

Es decir, no solo la energía nuclear genera muchos menos gases contaminantes que cualquier otra energía no-renovable, sino que, además, su producción emite menos gases contaminantes que la creación de plantas solares y la misma cantidad que la creación de parques eólicos. Y tengamos en cuenta que los gases que genera la energía nuclear ni siquiera son por la emisión directa durante la producción eléctrica, sino por el transporte de material, la minería de uranio, la gestión del combustible gastado...

Diseño de un parque energético con colores planos

Marc Manhart, Pixabay.

Marc Manhart, Pixabay.

Los grandes mitos

La energía nuclear es la que más contamina

Realidad: No solo es la menos contaminante de las no-renovables, sino que su producción es menos contaminante que la de algunas de las renovables.

No existe ninguna solución para los residuos

Realidad: Se están empleando contenedores que ocupan mucho menos espacio, y países como Francia y Rusia están empezando a reciclar los residuos para emplear su energía restante en reactores más pequeños.

Los reactores pueden explotar como una bomba

Realidad: En una central nuclear no puede causarse una explosión nuclear, ya que el uranio no está —ni de lejos— lo suficientemente enriquecido. Si acaso, podría darse una explosión de vapor de agua en circunstancias prácticamente irrepetibles hoy en día.

¿Adónde vamos?

El futuro de la energía nuclear pinta prometedor... para quien se suba al carro. Los reactores modulares tienen unos costes y tiempos de construcción mucho más reducidos frente a los reactores convencionales, lo que facilita muchísimo su integración junto a las energías renovables.

Las tecnologías actuales, además, buscan una nuclear más sostenible todavía, implementando ciclos de combustible cerrados que permiten reciclar plutonio y otros actínidos, reduciendo los residuos de larga vida.

Con la suficiente inversión para todos estos avances —además de los que involucran la gestión y potencial reciclaje de residuos—, la energía nuclear podría ser el complemento ideal para un sistema energético completamente descarbonizado, con bajas emisiones y una gran estabilidad.

Plantas de energía nuclear emitiendo vapor con el Sol de fondo

Markus Distelrath, Pexels

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