Hola, soy Max y esta es mi historia.
Todo empezó de cosa casi inocente, en junio, una fiesta, unas copas de más, la sensación de pertenecer a un grupo que disfrutaba sin pensar en el día siguiente. Lo que empezó siendo una diversión pasajera, se transformó en una necesidad. Cada semana el alcohol se convertía en mi refugio, y cuando eso ya no era suficiente aparecieron otras sustancias que prometían hacerme sentir más, aunque en realidad me dejaban siendo menos. Al principio creía tener el control, me repetía que podía dejarlo cuando quisiera, que no era para tanto, que todos mis amigos también lo hacían, pero yo no era como ellos. Cuatro meses después, cada día necesitaba un poco más para no sentir nada.
Mis estudios fueron los primeros en caer, recuerdo sentarme frente a los apuntes y ver las letras moverse, empecé a faltar a exámenes y dejé de entregar los trabajos. Mis relaciones también empezaron a romperse, dejé de contestar llamadas de mis amigos de siempre, mi familia intentaba acercarse, pero yo cerraba cada puerta que me ofrecían. Mentía todo el tiempo, dónde estaba, con quién, cuánto había bebido, si había bebido o no. Vivía atrapado en una mezcla constante de vergüenza y negación.
Las mañanas eran las peores, me despertaba con la cabeza reventada y el cuerpo temblando, a veces me preguntaba cómo era posible que siguiera vivo, casi nunca recordaba que era lo que había hecho la noche anterior, y los más triste es que ya ni si quiera me importaba. Empecé a sentirme vacío, nada me emocionaba, ni mis hobbies, ni mis sueños, ni las personas que quería... todo se había vuelto gris. En ese estado la idea de un futuro me resultaba insoportable, no podía imaginarme dentro de cinco años, ni siquiera dentro de cinco meses.
Una noche en las vacaciones de navidad, después de mezclar demasiadas cosas sentí que el cuerpo no respondía, me tumbé en el suelo y pensé que quizás sería más fácil no levantarme. Ese fue el punto que lo cambió todo, sentí que si no pedía ayuda en ese instante me apagaría por completo.
Y conseguí salir...
El día que pedí ayuda fue uno de los más difíciles de mi vida, sentí vergüenza, miedo, y una culpa que me apretaba el pecho. Llamé a una organización sobre la que había escuchado, me hablaron de un programa en un campamento rural, distinto a cualquier centro convencional, acepté sin pensar demasiado, había tocado fondo y ya no tenía nada que perder.
El quince de enero, al llegar me encontré con un lugar rodeado de montañas, huertos y animales. Los primeros días fueron duros, mi cuerpo pedía sustancias, mi mente estaba inquieta y el silencio me consumía, pero no estaba solo. A la semana empezamos con las actividades terapéuticas, trabajar en el huerto fue lo primero, me enseñó paciencia y constancia. Con los talleres de construcción, arreglar objetos me hizo sentir útil de nuevo. Cuidar de los animales fue otra parte importante, tener seres que dependían de mí, me devolvió el sentido de responsabilidad que creía perdido.
En paralelo, las sesiones de terapia me ayudaron a hablar de mis miedos y de todo lo que había cargado en silencio, descubrí que mi adicción no era solo un problema de sustancias, sino de heridas, inseguridades y falta de autoestima. En el campamento, por primera vez en mucho tiempo me sentí escuchado y comprendido.
Tras tres meses conseguí cambiar, ahora dormía mejor y me sentía más presente. Descubrí que rehabilitarme no era solo dejar las sustancias, sino recuperar la conexión conmigo mismo y con los demás. Si pudiera hablar con alguien que estuviera ahora mismo dónde yo estuve, le diría: "No te castigues por sentir que no puedes más, que no se castigue por sentir que no puede más, pedir ayuda no te hace débil, y aun que ahora todo parezca oscuro, te prometo que la oscuridad no es eterna, eres capaz de sanar y de empezar de nuevo. Pide ayuda".
Y a quienes piensan en probar sustancias por curiosidad: "Sé que todo puede parecer algo inofensivo, nadie imagina que puede convertirse en una caída lenta y silenciosa. Las sustancias no llenan nada, solo tapan por un rato lo que duele y cuando ese rato se acaba, lo que queda es un vacío más grande. No necesitas sustancias para sentirte vivo, créeme lo mejor de tu vida no llegas desde una pastilla, un trago o una calada, sino desde las decisiones que tomas cuando estás despierto y presente".
ESCÚCHALES
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Photo by Geronimo Giqueaux on Unsplash
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